miércoles, 23 de noviembre de 2011

Conciencia libre y conciencia servil

Miguel Brieva

Nuestra vida tiene sentido cuando nuestros actos externos son el reflejo de nuestra disposición o vocación interior, cuando existe una plena o esencial convergencia entre lo que somos y lo que nos gustaría ser. De ahí que la primera condición para dar sentido a nuestra vida sea la libertad o autonomía electiva, pues como señala Fichte, "la vida temporal sólo tiene valor en sí misma en la medida que es libre; no tiene ninguno y es una desgracia y un suplicio cuando no puede ser libre". Y lo mismo nos dice Husserl con palabras distintas: "La autonomía de la razón, la libertad del sujeto personal consiste, pues, en que yo me someta pasivamente a las pasiones ajenas, sino que decida por mi mismo". 

La libertad humana depende de dos factores fundamentales, uno subjetivo y otro objetivo. Si el hombre no es subjetivamente libre y capaz de pensar y actuar de acuerdo con su conciencia de libertad, tampoco hará uso de la libertad objetiva reinante en el entorno político en que esté encuadrado, como ocurre hoy en las democracias occidentales, cada vez más despolitizadas e inhibidas de la res publica y, por ello, menos realmente libres y más dependientes de los intereses y arbitrariedades del poder establecido. Quiero decir con ello que ser ciudadano de un sistema democrático de gobierno no significa automáticamente ser libre. Y a la inversa, un hombre puede estar sometido a la más feroz de las dictaduras y conservar no obstante su conciencia de libertad, por ejemplo ofreciendo resistencia activa a sus opresores, una experiencia universal que se ha dado, desde los tiempos más remotos, en todas las épocas y en todas las comunidades regidas por déspotas. Pero más habitual es todavía la inclinación a ceder voluntariamente el derecho a la libertad  cualquiera de los autócratas y tiranos que periódicamente emergen en el horizonte histórico. Recordemos en este contexto que Hitler conquistó el poder no a través de un golpe de estado o de una insurrección militar, como Franco, sino con los votos de los electores. Existe pues una conciencia libre y una conciencia servil, y es en la medida en que aquélla predomina que la sociedad es también fundamentalmente libre. En sentido absoluto, no hay en el mundo ninguna sociedad libre, ya que en su seno existen siempre grupos y personas enemigos de la libertad, representados hoy en Europa por los movimientos neofascistas y de extrema derecha que añoran una vuelta al pasado nazi o al falangismo.
       
Heleno Saña
Extracto de Antropomanía, en defensa de lo humano

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