domingo, 11 de diciembre de 2011

Un nuevo oscurantismo



UN NUEVO OSCURANTISMO

A diferencia del pensamiento social del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, la filosofía o antifilosofía pos y contrahumanista surgida en los últimos decenios se caracteriza por su carácter elitista y exclusivista, y ello tanto en el plano conceptual como terminológico. El Jargon der Eigentlichkeit  (jerga de la autenticidad) que Adorno reprochaba a Horkheimer  es aplicable no sólo a él, sino a la mayoría de sus discípulos directos e indirectos: en primer lugar, a los galimatías  cabalísticos y talmúdicos  de Derrida, Lyotard o Deleuze; pero también a la hermenéutica de Gadamer o de Paul Ricoeur, y a la filosofía-sociología intersubjetiva de Jürgen Habermas y de su aliado Karl-Otto Apel, prototipo de un aparato ideativo y linguístico altamente tecnificado, cientifista y alambicado, pese a su fundamento racional y su intencionalidad dialógica. Prototipo del nuevo oscurantismo es también Ludwig Wittgenstein y el "linguistic turn"en su conjunto.

Se trata de un hiperteoricismo destinado a un reducido clan de expertos e iniciados del que, de antemano, quedan excluidos quienes no gozan de este privilegio y tienen la desgracia de no ser más que ciudadanos del montón. Quienes carecen de los conocimientos técnicos suficientes para descifrar los textos no están en condiciones de tener acceso a la verdad. Y dado que antes del invento de la imprenta y de la difusión de la letra impresa la mayoría de la humanidad era analfabeta, resulta que murieron sin haber podido averiguar en cuáles de los textos se hallaba la verdad. Frente a la pedantería gramaticalista, Hugo de San Víctor señalaba ya lo que el posmodernismo parece haber olvidado: "Prisquam esset grammatica et scribebant et loquenbantur homines" (antes de que existiese la gramática, los hombres escribían y hablaban). 

A este nuevo oscurantismo disfrazado de Ciencia pertenece, en lugar preeminente, el afán de originalidad, o lo que podríamos llamar amor novitatis. En vez del nihil novum clásico, los maîtres penseurs de las últimas décadas parten del supuesto de que todo lo que ellos llevan al papel es nuevo, cuando en realidad se trata de un producto típico de las fases de decadencia filosófica que, segón Franz Brentano, siempre siguen a los períodos de esplendor.

Y la primera expresión de su presunta singularidad es la tendencia a rebajar la importancia de los grandes maestros del pensamiento, una actitud crítica que coincide con la negatividad fundamental de la pseudofilosofía. Por supuesto, sus laberínticas elucubraciones y especulaciones conceptuales y semánticas carecen de todo valor para la vida práctica, a la que pertenecen no sólo los problemas materiales sino también las grandes cuestiones humanas, espirituales y morales a las que todo hombre tiene que enfrentarse. Se trata, en efecto, de una antifilosofía carente de respuestas válidas para los grandes desafíos e interrogantes inherentes a la existencia humana, de ahí que no vacile en calificarla de completamente estéril. 

El fin de toda verdadera filosofía es el de ayudar al hombre a orientarse y a encontrarse a sí mismo, y no el de sumirlo en la confusión y el caos, como es el caso del posmodernismo, heredero, en el fondo, de la epoché (suspensión de juicio) pirrónica.   

El pensamiento posmodernista surgió en una época saturada y de "vacas gordas": la Guerra Fría y la "sociedad del bienestar" y la abundancia. Esta fase histórica ha finalizado desde hace mucho tiempo. El signo central de la hora actual es el darwinismo social, la precariedad laboral, la inseguridad ante el futuro y otras patologías engendradas por la globalización y la desregulación de la economía, una problemática a la que el posmodernismo no tiene nada que aportar.

Ello demuestra, por sí solo, que no ha sido otra cosa que una moda filosófica como otra cualquiera. Si hubiera sido una filosofía digna de este nombre, conservaría su plena vigencia, como ocurre con todos los grandes sistemas de ideas. Una cosa parece clara: aun admitiendo que los clásicos del pensamiento antiguo y moderno se han equivocado muchas veces, sus errores son más fecundos y útiles a nuestra formación intelectual y moral que las supuestas verdades propagadas por el posmodernismo.  
Heleno Saña
Breve Tratado de Ética


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